072

Train of Hope – El Tren de la Esperanza

Hay destinos que se deben evitar a toda costa.

El tren 18 se encuentra en las mismas vías que el resto de trenes que van hacia Alemania, camuflado. Pero éste lleva un destino incierto cuando, sobre los raíles, vuela de vuelta a la frontera con Hungría. Otros, en cambio, es llamativo el nombre evocador que poseen.

Ve al lado Sur de la estación, allí te ayudarán”, me dice un chico al ver que parecía desorientado merodeando por la estación.

Train of hope, dicen unos cárteles pintados por niños con lápices de colores en la estación de Hauptbahnhof, Viena. Al entrar en los bajos de esta estación lo primero que veo son dos payasos corriendo entre risas con unos niños.

076

Payasos en la estación central de Viena/Iván Ruíz.

Benjamín, joven voluntario austriaco, se acerca tendiéndome la mano y preguntándome en qué me puede ayudar. Será el encargado de enseñarme todo el funcionamiento de la organización, una iniciativa espontánea de ayuda al desplazado que nació una mañana de agosto del este año.

Julian Ploschl, aquel mes, cogió su coche, lo llenó de botellas de agua y alguna manta y se dirigió a la estación para repartirlo entre los refugiados. Esa misma tarde hizo un llamamiento a través de una conocida red social para que todos sus allegados se solidarizaran y llevaran todo lo que tuvieran de comida y abrigo a dicha estación.

Hoy forman una red de ochocientas personas en la que enfermeros, trabajadores sociales, abogados, y voluntariado en general, trabajan codo con codo para atender las necesidades de los desplazados.

082

Suministros de la organización para los refugiados en el exterior de la Estación Central de Viena/Iván Ruíz.

 

Vienen algunos con chanclas hasta aquí y hasta embarazadas. Aquí han dado a luz dos mujeres”, me cuenta Benjamín mientras paseamos por las torres almacenadas de productos básicos. El aluvión de personas que llega hasta aquí es casi ingente.

Esta misma organización tenía un contador que mantenía al día el número de asistencias a los refugiados. Un día se acercó la policía y les pidió amablemente que el contador dejara de funcionar. El marcador se encuentra parado desde entonces, señala unas siete mil personas.

No obstante, continúan atendiendo. Latas de legumbres, conservas, pañales, leche, ropa, calzado; y todo esto sin contar con el material humano, de lo más variopinto y heterogéneo.

Más tarde, veo un señor con turbante dirigiendo con autoridad uno de los comedores de la estación, le pregunto a Benjamín sobre él.

Es paquistaní, pero vive en Viena desde hace años. Tiene un restaurante propio y viene cada día a cocinar para la gente de su país. Ellos prefieren su comida.

089

Voluntario sirviendo comida a los refugiados/Iván Ruíz.

Gestos amables no faltan.

Me cuenta Benjamín que un día se acercó un hombre diciendo que ponía a disposición de los refugiados un castillo que poseía a las afueras de Viena. Estaban invitados a tomar posesión de él cuando gustasen.

Además, fui testigo de auténticos gestos de coraje y lealtad, como el de una niña que aguantaba estoicamente entre sus brazos un pequeño gato que no quería abandonar, venían ambos, gato y niña, niña y gato, desde Siria.

090

Un niño refugiado cogido de la mano por su madre en la Estación Central de Viena/Iván Ruíz.

 

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>