larreadio

Radio itinerante a paso de mula

Alejandro Pérez y Jose Manuel Alguacil son dos arrieros modernos, que ya no cargan a lomos de sus bestias carbón o alimentos, sino que van llevando de pueblo a pueblo la materia prima más preciada de nuestro tiempo: la comunicación. A través de un pequeño equipo de radio que instalan en la parte más alta de cada localidad, ya sea un campanario o en lo alto del ayuntamiento, lanzan al aire su programa de radio nómada: Larreadio.

A pie cambiado de los medios de comunicación generalistas, no buscan el sensacionalismo, la sangre derramada por pueblos remotos de gente áspera y tradicionalista que parecen vivir alejada del mundo por decisión propia. Todo lo contrario. Sus historias son relatos de gente corriente, “que permitan a nuestra generación conocer cómo vivían la generación de nuestros abuelos” como explica Alejandro en la entrevista audiovisual que se puede ver a través de la versión digital de Horizontes. Historias de oficios, lugares, formas de divertirse, anécdotas, y todo aquello que compone la idiosincrasia de una comunidad con una cultura propia, con un pasado y presente en común aún sólido ante la vorágine de dispersión globalizadora.

Un viaje por el espacio y por el tiempo, traspasando ese vacío generacional, esa cadena de conocimiento interrumpida por la televisión, internet, y demás medios que más que servir como intermediarios de conocimiento han puesto en peligro la herencia cultural de muchos lugares. Uno de los objetivos del proyecto, como ellos mismos describen es ir “desvelando claves para conciliar la memoria del pasado y la realidad presente, contribuyendo a trazar un futuro respetuoso con nuestra tierra, nuestra historia y la de los que vivimos en ella”.

uno de los objetivos es “conciliar la memoria del pasado y la realidad presente”

Durante dos meses estos dos pintorescos arrieros viajarán principalmente zonas fronterizas del interior de Andalucía, en las que todavía se mantienen tradiciones y costumbres poco influenciadas por una modernidad que carcome el pasado de las culturas oriundas, dejando a las ciudades vacías de historia. Desde Santa Ana (Jaén) hasta Tarifa (Cádiz), su hazaña se cumple silenciosa, por carriles por los que apenas circulan automóviles, teniendo como compañeras a Amparo y Estrella, una mula y una burra que cargan con todo el equipo y son sus más fieles compañeras de viaje. Un viaje lento, contemplativo, con el tiempo necesario para percibir cada palmo de tierra que pisan sus pies.

El espacio radiofónico por el que van las ondas, el aire, también tiene sus cotos vedados, y parece que no todo el mundo pudiera usarlo libremente. Alejandro reivindica este espacio público con su pequeño equipo radiofónico que emite en frecuencias libres, con apenas varios kilómetros de alcance, lo suficiente para que se escuche la gente de un pequeño pueblo. Los marcos legales serían, tal y como él hace una comparación, como aquellos que se le podrían poner a una persona por ir andando a través de un camino: “Los caminos son de la gente que anda por ellos. Las frecuencias, en la medida que no hay un ánimo de lucro, no estás haciendo más que dar un contenido cultural en un pueblo en un momento determinado yo no siento que esté haciendo nada ilegal”.

“los caminos son de la gente que anda por ellos” Alejandro Pérez

Aunque no es la primera vez que Alejandro se embarca en una iniciativa como ésta –lleva dos años cruzando la zona sur de Jaén, incluso promocionando los festivales de música que se celebran en verano por la zona-, en esta ocasión tiene un compañero de caminos especial: Jose  Manuel Alguacil, realizador audiovisual de El Padul (Granada) que se apuntó al carro de esta estación radiofónica itinerante nada más conocer el proyecto. Una colaboración que surgió espontáneamente y que ha catalizado un nuevo viaje que será registrado para conformar un futuro documental que ya ha titulado “Alejandro, la mula y la radio”.

El 19 de julio llegaron a su destino, dejando por el camino un murmullo en muchos pueblos de Andalucía que dice que dos jóvenes con un par de bestias estaban interesados en escuchar a los mayores, en conocer cómo fueron sus vidas; que dos extranjeros fueron caminando hasta sus casas para dar a conocer esas historias perdidas de las que, si no somos nosotros ahora dignos herederos, nadie se hará cargo y se perderán para siempre entre los férreos muros de piedra del olvido.

 Arturo Triviño

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