“¿Qué es eso que se oye?” Antonio Ruiz

Otorguémosle a nuestra imaginación la calificación de único sentido por un momento. Es la única virtud imprescindible para los próximos cinco minutos de su vida, los que dedicará a leer esto. Sitúese en la esquina y prepárense para dar el salto y zambullirse en todas las letras que ve. Aparecerá en una de esas calles que nadie cree que existe, de esas del cine y las películas de terror. Si observa bien, verá a lo lejos un coche con las puertas abiertas y agujeros de bala, una mujer que grita golpeando el capó con los ojos cerrados y, por último, un gran lago de sangre rodeando la rueda izquierda del mismo.

Dé unos pocos pasos y detrás del coche verá una figura difuminada por la oscuridad y notará cómo el calor que desprendía se va como aspirado por un extractor. Ya suena la sirena, presumiblemente de la policía; a esos sitios nunca va la ambulancia, es inútil. Cuando vislumbre los primeros destellos azules todo empezará a volverse negro, soplará un viento terrible, como el de los huracanes, y cuando vuelva a ver estará en mitad de un campo de batalla y el griterío lo asustará. Correrá a esconderse a la roca que está detrás de usted y quedará absorto mirando el esperpento. El enorme griterío se lo tragará como la barbarie.

correrá a esconderse a la roca que está detrás de usted y quedará absorto mirando el esperpento

La sangre rozará su piel salpicada de cualquier cuerpo e intentará salir, pero no podrá. Tendrá que presenciar el combate y se hará partícipe de él. Viendo como unos ganan y otros pierden, o lo que es lo mismo, viendo como todos mueren. Ese remolino oscuro aparecerá de nuevo y le comerá sin que haya puesto objeción alguna por el simple hecho de que desea saber qué será lo siguiente. Cuando se vaya la oscuridad notará la cálida arena de una playa desierta, la típica de las fotos de las agencias de viajes con la palmera, la hamaca y todo ese conjunto de vacaciones de agosto. No es esa la escena que tiene delante, la playa está vacía y ahora es justo cuando el sol más pega. Busque una esquina de sombra debajo de la palmera y contemple el ir y venir de las olas. Tranquilidad, sonidos naturales.

¿Qué es eso que se oye?, ¿no lo oye?. Un ruido constante, de un motor posiblemente, inundará su tímpano y lo reconocerá al instante. El helicóptero aparecerá de la nada y de él comenzará a bajar gente. Se refugiará, en silencio, atendiendo a lo que sucede, sintiendo toda la agitación que la intriga va proporcionando por su cuerpo. Verá como los cuatro hombres que se lanzaron a la arena desde el helicóptero se quedan en la playa mientras el ruido se va con las hélices lejos de ella. Cuando comience a ver lo que traman esos individuos volverá el remolino y se lo llevará. Ahora abrirá los ojos y se verá leyendo esto. Recupere sus sentidos, el paseo por las letras ha acabado. Si le ha gustado, busque un buen libro y deje que el remolino vuelva a aparecer.

Antonio Ruiz

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