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Ondas libres de pecado

Para definir un medio de comunicación generalmente nos basamos en la estructura y el modus operandi que los grandes grupos informativos han impuesto como forma de proceder, es decir, noticias rápidas, descontextualizadas y un abuso de agenda institucional. Este modelo concuerda bastante con la idea aristotélica de la comunicación en la que un sujeto emisor envía mensajes a un receptor con el fin último de persuadirlo. El oyente, lector o televidente, entretenido y desinformado, quedaría en el último escalón del proceso, y simplemente se se le podría adjudicar un papel pasivo, sirviendo los medios de comunicación a intereses económicos y políticos que financian sus infraestructuras.

Ahora bien, la comunicación no puede ser sólo persuasión, ya que su papel es evidentemente crucial como puente entre personas que a lo largo del tiempo van conformando las diferentes culturas. La verdadera esencia del término podría decirse que es “un proceso en el cual todos los elementos actúan dinámicamente […], un fenómeno de intercambio múltiple de experiencias y no un ejercicio unilateral de influencia individual”[1], como lo explica Luis Ramiro Beltrán, uno de los pioneros de la Escuela Crítica Latinoamericana de Comunicación, en la que por primera vez se puso en tela de juicio el proceder de los medios occidentales.

la comunicación es “un fenómeno de intercambio múltiple de experiencias” según Ramiro Beltrán

De acuerdo a esta tesis, existen en la actualidad, fuera de las grandes audiencias de masas, medios que predican otra forma de informar y ser informado, medios en los que el oyente es a la vez locutor, en los que no necesitas titulación para alzar la voz, en los que cualquiera puede compartir sus necesidades e ideas para conformar una verdadera cultura a través de la participación de múltiples puntos de vista: las radios comunitarias.

 

Democratizar la comunicación

La vida pública tiende cada vez más a crear sociedades individualistas, con la nueva deidad tecnológica como principal estandarte. Cada vez más la pertenencia a una comunidad se dispersa. Si prestamos atención al origen etimológico de “comunicación” y “comunidad”, podemos comprobar que ambas tienen una relación muy estrecha entre sí, e incluso un origen común, pues provienen de la misma palabra griega koinoonía [2]. Esto quiere decir que sin una buena comunicación la consecuencia directa será la pérdida de los lazos de una comunidad, con el deterioro evidente que esto conlleva en aspectos culturales y sociales.

A estos fines, la radio se presenta como un formato idóneo capaz de crear un tejido comunicativo sólido que sirva a los intereses de una población. Así, miles de radios comunitarias repartidas por el mundo ofrecen un servicio que, basado en un proyecto político –sin sentido partidista-, “asume compromisos y toma posesión respecto a la problemática en que vive, y se ubica en el contexto social donde se desarrolla” [3].

la radio se presenta como un formato idóneo capaz de crear un tejido comunicativo sólido que sirva a los intereses de una población

Las emisoras comunitarias, también llamadas culturales, asociativas, alternativas o libres, dan respuesta a las necesidades informativas y de cohesión social de una parte de la ciudadanía excluida de la cobertura en medios de comunicación generalistas. Y es que uno de los requisitos para que una población comience a involucrarse en la comunicación es que no vea lejanos y ajenos los mensajes que se le proponen, sino que los sientan suyos y cercanos.

Este proceso de empoderamiento viene denominado como “democratización de la comunicación”, a partir de procesos horizontales donde las condiciones de acceso y participación son libres e igualitarias para todos, cumpliendo con lo dictado sobre comunicación en la Decalaración Universal de Derechos Humanos [4]. Como uno de los grandes exponentes de este proceso podemos considerar a las radios comunitarias, en las que la voz de la ciudadanía se difunde sin filtros, haciendo conscientes a la población de que otra forma de comunicación es posible.

el proceso de empoderamiento de los medios viene denominado como “democratización de la comunicación”

Un buen ejemplo, Onda Color

Apelando a este derecho universal, en uno de los barrios más humildes de Málaga hay un edificio en el que se le añade algo de color al panorama grisáceo que componen los medios de información en España. Allí podemos encontrar Onda Color, una radio comunitaria malagueña que emite desde 2008 en el barrio de Palma Palmilla, con una programación en varios idiomas repleta con espacios de todo tipo –musicales, magazines, tertulias, etc.- realizados y producidos por vecinos, universitarios, asociaciones e incluso gente de toda la ciudad que por cuenta propia participan en este proyecto.

 

Apostando por la comunicación como pilar imprescindible para el ejercicio público de cualquier ciudadano, el Plan Comunitario de esta barriada promovió la instauración de estos equipos de radio con un objetivo orientado principalmente a cubrir una de las necesidades mayores del entorno: la educación. A día de hoy, pasados ya casi seis años, esta radio comunitaria realiza una labor muy activa hacia tal fin, incluyendo espacios dedicados exclusivamente a contenidos pedagógicos -con un plan actual de hacer colaboraciones incluso con profesores de colegios-, al mismo tiempo que da la oportunidad a personas del barrio a participar en un entorno en el que se promulga libertad de expresión y el sentimiento de pertenencia a una comunidad.

el Plan Comunitario de la Palmilla promovió la instauración de estos equipos de radio con fines educativos

Una radio como herramienta comunicativa que sirve para dar voz a esa parte de la población invisibilizada por los medios generalistas, para atender a las necesidades e intereses de cada ciudadano y de colectivos que requieren de este “medio” para que se les escuche y puedan promover su integración social, ya sean asociaciones de personas con movilidad reducida, mujeres en situación desfavorable o de personas que están terminando sus condenas penitenciarias en el CIS (Centro de Inserción Social). Vecinos como Rafi Virella, encargada de los mandos técnicos de forma voluntaria desde los inicios de la radio; o Pepe Montes, que organiza el programa “En la Palma de tu mano”, para hablar de los problemas que actualmente sufren los jóvenes, son algunos de los ejemplos de este proyecto repleto de color. Personas a las que se les enseña para que puedan ser independientes en sus funciones, ya que no se trata de que la actividad se termine cuando salgan por la puerta del estudio.
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En vías de extinción económica

Sin contar con apenas financiación, más que alguna subvención local por su labor social como asociación, y la aportación de una cuota por programa, el valor principal de esta radio no son sus lazos comerciales, sino sus lazos entre personas. Toda una parrilla hecha por y para la ciudadanía, que, por desgracia, encuentra muchas trabas y problemas para su supervivencia.
Una de las dificultades principales que plantea Alejandro Blanco, su actual presidente, se encuentra en las vías de ingresos económicos, ya que cuentan con medios muy limitados y, además, legalmente no pueden incluir publicidad. “España es un país en el que se prohíbe la publicidad comercial en las emisoras comunitarias, en contra de una resolución de Naciones Unidas y en contra de una resolución del Parlamento Europeo”, afirma sorprendido ante una situación bastante absurda por la que parece que las otras cadenas “temen que Onda Color les robe la publicidad del Corte Inglés”.

“España es un país en el que se prohíbe la publicidad comercial en las emisoras comunitarias en contra de una resolución de Naciones Unidas”, dice Alejandro Blanco

Y es que mientras aquí hacemos oídos sordos a este tipo de iniciativas, desde las instituciones comunitarias se ha puesto por escrito la importante labor de los medios del “tercer sector” (aquellos que no son comerciales ni públicos), ya que “crean cohesión, dan identidad, fomentan comunidades y preservan la diversidad cultural y lingüística”, cumpliendo un papel fundamental en “el fomento de la tolerancia y el pluralismo en sociedad”[5].

Sobre la situación legal de los medios ya se cuestionaba Walter Lippam en 1920 con su ensayo “Libertad y prensa” una cuestión que, aún a día de hoy, no ha cambiado ni un ápice: “¿Un gobierno basado en el consenso puede sobrevivir en una época en que la manufactura del consenso está en manos de una actividad que carece de regulación?”. En España no hay un consejo regulador de estas medidas, y así, la legislación sobre medios de comunicación suele quedar estancada en vacíos burocráticos.

El espacio radiofónico, por donde circulan las ondas hertzianas, es como un viejo solar propiedad del estado, que divide y reparte sus trozos a concurso para que entidades privadas lo exploten. Siendo el aire un espacio público, sería justo que tuvieran un espectro del reparto de frecuencias dedicado en exclusiva a esta actividad. Sin embargo, por ejemplo en las últimas leyes autonómicas andaluzas que se refieren a este tipo de emisoras, todavía no se ha planteado la posibilidad [6].

Estos medios comunitarios de pequeña difusión siguen siendo catalogados de “alegales”, puesto que no tienen los mecanismos jurisdiccionales que las respalden, a pesar de que desde 2010 la LGC reconoció por fin a estos “servicios de comunicación audiovisual comunitarios concebidos únicamente sin finalidad comercial”. En el artículo 32 de la misma ley se le dedica un capítulo propio a este tipo de medios, aunque a día de hoy ha sido de nula aplicación ya que falta un reglamento que desarrolle lo planteado por esta ley.

Estos medios comunitarios siguen siendo catalogados de “alegales”, puesto que no tienen jurisdicción en la que respaldarse

 

Limbo de la alegalidad

Alegal, según la RAE, significa “no regulado ni prohibido”, y, casualmente el ejemplo que dan para que todos lo entendamos es el significado es el de las “emisoras de radio alegales”. Difícilmente se puede encontrar en la jurisdicción una situación más esperpéntica, que lleva años sin resolverse y con una serie de derechos plasmados sobre el papel sin que nadie cree los instrumentos necesarios para que se cumplan.

Un limbo legal del que, por suerte, parece que se están dando pasos en la buena dirección, como por ejemplo la creación del Foro Andaluz de Educación, Comunicación y Ciudadanía, compuesto por más de cuarenta asociaciones que desde hace dos años trata promover la participación de la población, y en el que se apuesta sólidamente por las radio comunitarias como un sector estratégico.

En esta comunidad autónoma hay casi una treintena de este tipo de emisoras asociativas, algunas con una larga experiencia en la labor, y hoy en día están poniéndose de acuerdo para la elaboración de un proceso legal que las ampare. Podemos decir que por primera vez en España los responsables de los medios comunitarios han tomado asiento junto a los órganos institucionales para debatir sobre la democratización de la comunicación, puesto que dichos medios comunitarios, educativos y culturales son un instrumento indispensable de participación ciudadana que deben ser promocionados y protegidos, asegurándoles, al menos, un tercio del espacio radioeléctrico para garantizar el acceso a este bien público por parte de la sociedad civil.

para garantizar el acceso a este bien público deberían tener reservado un tercio del espacio radioeléctrico

“Hacen falta medios de comunicación que tengan a la ciudadanía incorporada dentro”, afirma Alejandro Blanco, para que en cualquier vía de participación pública cada ciudadano pueda decidir con pleno derecho, habiendo adquirido la información pertinente. “La protección de la autonomía de los medios de comunicación por la teoría liberal-democrática va a tener como consecuencia que el debate público esté influenciado decisivamente por los que dominan la estructura social. El mercado no asegura que las opiniones de todos sean escuchadas y, por lo tanto, que no se produzca un debate vigoroso, desinhibido y completamente abierto”[7], tres señales estas de la buena salud de un estado democrático, en su sentido esencial, algo que se parece poco a la realidad que nos rodea.

“Hacen falta medios de comunicación que tengan a la ciudadanía incorporada dentro”, Alejandro Blanco

El ejemplo de Onda Color representa el de un medio que trata de garantizar un derecho fundamental para cualquier sociedad, para que estos instrumentos comunicativos sirvan como intercambio cultural entre miembros de una población y no se conviertan los espacios públicos, como el radiofónico, en un terreno en el que tiburones mediáticos se reparten la presa y especulan con sus concesiones. A través de las radios comunitarias se redefinen la configuración de las herramientas o “medios” de comunicación, una oportunidad de darles el verdadero valor que se merecen, citando a Ramiro Beltrán, como “elemento vital de cambio”.

Arturo Triviño / Amal El Mohammadiane

 


1. RAMIRO BELTRÁN, Luis.“Adiós a Aristóteles: la comunicación “horizontal”; en Comunicología de la liberación, desarrollismo y políticas publicas. Málaga: Luces de Gálibo, 2014, pp. 269-307
2. PASQUALI, Antonio. Comprender la comunicación. Caracas: Monte Ávila Editores, 1978.
3. CALLEJA, Aleida. “La Radiodifusióin comunitaria. Espacio de construcción ciudadana”. En VEGA MONTIEL, Aimée (coord.), PORTILLO, Maricela (Coord.) y REPOLL, Jerónimo (Coord.). Las Claves necesarias de una comunicación para la democracia. Tabasco, México: Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación A.C. y Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2008, p. 39
4. Artículo 19 de la Declaración de Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
5.Resolución del Parlamento Europeo, “Sobre los medios del tercer sector de la comunicación”. 24 de junio de 2008.
6. Ley General de Comunicación Audiovisual (7/10) y la Orden de 24/9/2003.
7. ALEGRÍA, Antonio Magdaleno. “El derecho de acceso a los medios de comunicación públicos de los grupos sociales y políticos significativos en el estado social y democrático de derecho” Teoría y Realidad Constitucional, UNED, 2006, num 18, pp. 223-250
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