Más ruido para el silencio. Editorial 0

Revueltas, fraudes, corrupción. El impacto semántico de estas palabras se ha neutralizado. Lo que anteriormente considerábamos hechos insólitos a tener en cuenta, hoy, por su redundante presencia en los medios, parecen más bien parte de una cotidianidad irremediable. La violencia nos paraliza, la indignación caduca nuestra esperanza, y la realidad se escapa a nuestro alcance. Después de pasar por el túnel mediático, nuestras fuerzas se desvanecen y la virtualidad conduce toda voluntad creativa al infinito. Cantidades ingente de imágenes, palabras y sonidos, no hacen más que absorber la energía del individuo hacia la inconcreta realidad del desconcierto.

Las ciudades se van quedando cada vez más huecas. El silencio y el ruido predominan. Todo sea por la seguridad de los viandantes, que van de un lugar a otro sin más función que mostrar su consentimiento perplejo. “Gente en sitios”, como titula Juan Cavestany a esa radiografía de la metrópoli deshumanizada. Y es que los únicos que muestran una actitud diferente son los turistas o a los que les conviene la miseria de muchos. mientras tanto, los que quedamos aquí debemos publicitar el derrumbe, la caída de la bolsa, el precipicio de aristas afiladas. La catástrofe es éxito de ventas y las distopías vuelven a fascinar. Todo sale redondo y así, mientras tanto, se prohíbe, se legisla, se desahucia. La música es la última afectada. Ya no le quedan ni calles para armonizar pasos de compases compartidos. Es alto el riesgo de contagio.

Lo que no saben es que para el cambio sobra la violencia. Que se lo digan a los terroristas de Gamonal. Valen los pequeños gestos, que revuelven la corriente y unen perspectivas diferentes. Si entras en conflicto formas parte de su tablero de juego, y más convendría alimentar en los jóvenes la esperanza de ver florecer en sus comunidades ideas nuevas para “que no nos echen de nuestros pueblos”. Cultiva res siempre la mejor solución, que diría el Cándido de Voltaire, después de darse una vuelta por el mundo. Fertilizar la tierra con el mejor Extiércol y así los árboles crecerán más sanos, mientras sus raíces se expanden por el suelo creando un vergel a su alrededor.

Nadie lo explica y todos se resignan con la cabeza gacha, pateando su suerte. La norma es, frente al cambio, frente a la crisis, imparables dosis de frustración. Ante esta actitud, hay quienes han decidido tomar ignífugas medidas al respecto y salir con un bidón de gasolina para darle fuego a todo aquello que nos “contamina”. Estos, según los servicios secretos, están catalogados como grupos psicoterroristas de tendencia sarcástica, que usan peligrosos métodos antidiscreción promoviendo el vandalismo cultural. La alerta es evidente, y ya todos los periódicos se hacen eco. Nunca se sabe quién será uno de ellos.

Para no caer en presentaciones, y al ser esta la primera vez que nos encontráis, debemos decir algo… Horizontes nace sin pretensiones, dejando preámbulos a un lado y adentrándose en lo que de verdad pueda contener haces de luz entre tanta sombra mediática. No creemos en la norma de que “cuando las noticias son malas, son buenas noticias”, ni seguimos criterio alguno más que nuestra modesta estancia en el mundo. Mirar hacia otros Horizontes es ver más allá, siempre consciente de la universalidad de esa fina línea en la distancia que nunca alcanzaremos, pero que guiará nuestras intenciones.

Sin publicidad, sin dueños a los que rendir cuentas, nuestra satisfacción es la de poder ofrecer al mayor número de personas posibles relatos que desafían la nulidad, que no se estancan en la superficie, relatos de humanidad. Somos portavoces de nuestra inquietud, sin más rumbo que el de la casualidad y la curiosidad. Dos ideas de un mismo seno. Renunciamos a criterios periodísticos  y huimos de los formalismos académicos. Baluartes de una honestidad periodística que no cuenta con la exactitud del número, pero sí con la de la subjetiva intención de expandir realidades. Una actitud que no nos deja hueco en otros medios, por lo que hemos decidido crear el propio, con poca experiencia pero mucha integridad.

Pero todo esto no se podría conseguir sin la ayuda de un lector que le dé un valor a este trabajo desinteresado. Somos un colectivo de personas que tratamos de promover la cultura y la creación porque confiamos en su poder redentor, sobretodo en tiempo tan turbios donde se denosta todo aquello que no produce beneficios. Los nuestros, con el precio de esta revista, nonos harán mejores personas, ni más trabajadoras, pero sí que permitirán que la idea que cobra forma a través de estas páginas pueda mantenerse en el tiempo e ir siempre mejorando. Tocamos la realidad, no sólo nos mantenemos como espectadores, por eso confiamos en el papel como soporte de las ideas.

Si ha llegado hasta aquí, no nos queda más remedio que desearle buena suerte. Esta es nuestra modesta contribución para tratar de construir donde las paredes se derrumbaron y el ladrillo terminó aplastando a sus inquilinos. Nos vemos en la posición de pedirle un favor. Si puede, vuélvalo a copiar o coménteselo a su vecino para que siga buscando nuevos Horizontes y así, quizás, podamos perder el testigo de su destino.

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