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El jardín de las delicias es asín. Cinca Facts (23-29)

Siempre que puedo ir a la capital de nuestra España querida, esa que nos duele a algunos, esa a la que antes dolió a otros, esa España, que en realidad son dos, y una de ellas, parafraseando a Machado, ha de helarnos el corazón.

Mas aún me duele más la España de ahora debido a que se acercan unos comicios decisivos, según algunos, y dado que dejará de haber dos Españas para que haya cuatro, cinco o cuarenta millones. Y uno se pregunta para qué tanta España, para qué luego cada uno en su cortijo, haga y deshaga a su antojo y gusto. Todos los españolitos y españolitas atrapados en el cortijo de alguién. La España cortijera.

Como les decía, cuando voy a Madrid, siempre voy al Prado. Normalmente hago dos visitas obligadas y asín paso la tarde: primero me detengo un rato junto a Goya – hagan la rima si quieren – y después busco “El jardín de las delicias” del Bosco.

Normalmente, espero a que los visitantes se dispersen poco a poco para poderme acercar a la pintura – difícil tarea en ocasiones entre gentes de diversas nacionalidades apiladas en torno al tríptico -. Voy ocupando espacios y desplazando bultos humanos con ligeros empujoncitos mientras miro a otro lado – lo que algunos llamamos hacer un pase a lo Laudrup, pero en este caso, con personas asiáticas -. Una vez enfrente de la pintura quedome quieto lo que por decoro y educación estimo oportuno.

Me pasa que me suelo quedar embobado un buen rato y me pierdo en la pintura, mirando cada detalle, pues en “El jardín de las delicias” no parece haber orden, sino ausencia de éste – ¡Cuánto de verdad hay en sus trazos!-. Me detengo, obviamente,  en la parte central del tríptico donde se representan entre muchas otras cosas el tendencioso desenfreno del ser humano hacia lo mundano, la entrega sin mesura hacia el placer.

Esa parte del tríptico me recuerda, además, a una escena particular de “La Gran Belleza” de Paolo Sorrentino. Por cierto, que unos investigadores holandeses dicen que lo mismo “Mesa de los pecados capitales” no es del Bosco. Desde El Prado ya lo desmienten.

Del Bosco poco se sabe, además de lo misterioso de sus obras, por lo visto era un tipo bastante esquivo. Recordome a otro artista esquivo – Banksy, contemporáneo éste – y un gesto que tuvo con los miles de refugiados de la denominada Jungla de Calais – Francia -, donde acampan refugiados sirios y eritreos, entre otros.

El misterioso artista promovió un parque temático – Dismaland – temporal en el sur de Inglaterra en una línea un tanto opuesta a otros parques como Disneyland, y al cerrarlo, donó el material usado en su construcción para que los refugiados que en Calais moraban, guardaran techo.

En el otro extremo de Europa, refugiados sirios intentan llegar a las costas griegas, algunos lo consiguen, otros no. La situación es grave.

Por otro lado, el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, en referencia a la llamada crisis de los refugiados publicaba en El País – vía Eutopia – un artículo del que voy a extraer un párrafo significativo: “Estos nómadas, que lo son no de forma voluntaria, sino por el veredicto de un destino despiadado, nos recuerdan de manera irritante la vulnerabilidad de nuestra posición y la fragilidad de nuestro bienestar. Es una costumbre humana, demasiado humana, culpar y castigar a los mensajeros por el odioso contenido del mensaje que transmiten, en lugar de responsabilizar a las fuerzas mundiales incomprensibles, inescrutables, aterradoras y lógicamente resentidas que sospechamos que son las culpables del angustioso y humillante sentimiento de incertidumbre existencial que nos arrebata la confianza y causa estragos en nuestros planes de vida.”

El jardín de las delicias es asín.

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