Una plaza en Belgrado. Al lado de la tienda de campaña un grupo de hombres van ofreciendo traslados en coche a Croacia.

Conversaciones a media luz

Hace un sol en la plaza que se empieza a agradecer en estas latitudes. Dentro de poco el principal obstáculo a salvar será el frío. Se levantan los primeros albores y los huéspedes de una plaza de Belgrado van ocupando los lugares donde los rayos del sol hacen que la temperatura sea más agradable.

Me siento junto a unos muchachos sirios que reconozco, nos conocimos en Atenas. Cambiamos impresiones sobre el camino transitado hasta el momento. Les pregunto si podría recoger sus voces en la grabadora y ellos acceden gustosos, pero la sensación no es la misma que en aquélla de nuestro primer encuentro. Ya no sonríen como entonces, y además, recelan de la cámara de fotos. Todas las instantáneas que les haré ofrecen la misma perspectiva, la espalda.

Mientras hablo con ellos alguien se acerca por mi costado y noto su presencia,  antes de darme media vuelta escondo la grabadora en mi bolsillo  y entablo conversación con él  sin que se dé cuenta del movimiento.

Enseguida conoceré las intenciones de mi interlocutor:

–          ¿Conoces algún sitio para dormir? Estoy cansado y quiero descansar – pegunta él -.

–          Claro, mira en aquella calle, hay dos hostales donde no te piden los papeles, hay más gente de Siria… – respondo –.

–          ¿Quieres ir a Croacia? – sugiere-.

–          Por el momento quiero estar aquí.

–          Mira, yo te llevo allí en muy poco tiempo, fresquito y cómodo, con cuatro asientos, hay para ti y para tus amigos… – insiste el tipo, piensa que los chicos a quienes estaba entrevistando eran amigos míos –.

–          ¿Cuánto vale? – le pregunto, y acto seguido me los escribe en el móvil para que me entere bien.  MIentras teclea en el teléfono 150 añado- ¿Por cada uno?

–          Sí, así podéis ir todos juntos. Mira, ese es el conductor que os llevará – en ese momento aparece un mastodonte intentando aparentar una sonrisa amable- .

–          Gracias, pero hoy nos quedaremos por aquí, quizás otro día….

Los chicos sirios a los que estaba entrevistando me miran asustados y les aconsejo que no se vayan con ese tipo, es un traficante, o quizá alguién que simplemente se aprovecha de la situación y pretende ganar algo de dinero. Ellos, como buenos chicos que son, asienten sin decir nada. Son, en el fondo, unos críos, y tienen que vérselas con gente de esta calaña.

El tipo me dedica una sonrisa de dientes picados y se aleja. Inconsciente de mí, cuando se da la vuelta,  saco la cámara y comienzo a sacarle fotos mientras está de espaldas, pero me giro y veo a sus compinches charlando detrás de mí. Guardo lentamente la cámara y me alejo, continúo con mis quehaceres.

El tipo con el que he hablado se acerca otra vez por donde estoy, a una distancia prudencial intento hacerle fotos. Me señalan y se percatan que no soy un refugiado sirio. Toca perderse entre la gente. No apareceré por la plaza en todo el día.

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En la fotografía de arriba, al lado de la tienda de campaña, un grupo de hombres van ofreciendo traslados en coche a Croacia.

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