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Budapest (Hungría)

Desde hace cuatro días se los están llevando de aquí, esta mañana han desalojado a cerca de 4.000 personas”, me dice Judith, voluntaria de “Medical Aid” en la estación húngara de trenes de Keleti. “Se los llevan a la frontera con Croacia o a campamentos”, a las afueras, lejos de miradas urbanas, mientras los dirigentes políticos debaten sobre a quién pertenece el paso.

Adnan, refugiado, en los alrededores de la estación Budapest-Keleti (Budapest, Hungría)/ Iván Ruíz

Adnan, refugiado, en los alrededores de la estación Budapest-Keleti (Budapest, Hungría)/ Iván Ruíz.

Dos voluntarias en un puesto de Medical Aid en la estación Budapest-Keleti (Budapest, Hungría)/ Iván Ruíz.

Dos voluntarias en un puesto de Medical Aid en la estación Budapest-Keleti (Budapest, Hungría)/ Iván Ruíz.

Hungría es un país clave para asegurar su permanencia en Europa, es uno de los primeros países del denominado Espacio Schengen – Schengenland – y es aquí desde donde se embate la férrea línea de contención que desde Europa imponen.

Precisamente, el acuerdo o tratado Schengen se creó en la década de los ochenta para facilitar la libertad migratoria dentro de los países firmantes. Actualmente son 26 países – 22 de ellos pertenecientes a la Unión Europea, los cuatro restantes, como por ejemplo Suiza, no pertenecen al ente supraestatal – los que integran este espacio sin fronteras internas, y después de Grecia, Hungría es la puerta de acceso a Europa.

A pesar del tratado, desde el viejo continente siguen sin estar de acuerdo en cuanto a una política de coordinación de fronteras, y esa desidia hace que miles de refugiados tengan que debatirse entre cruzar a Croacia, con las dificultades naturales que estos países balcánicos plantean, o atravesar Hungría a pie salvando los controles fronterizos atajando como si de un fuga se tratara por entrecampos de cereales.

Muchos de los refugiados al ser interceptados en Hungría son trasladados a “campos de concentración” donde esperan su turno para asaltar la siguiente frontera, otros, son deportados directamente a la frontera con Serbia teniendo que retomar lo andado una y otra vez.

Hamburgo, Múnich, Colonia o Frankfurt son algunos de los destinos elegidos en el país germano para muchos de estos refugiados que no entienden ver ondear las banderas de “Willkommen refugees” – bienvenidos refugiados – cuando se les ponen tantas trabas para su llegada.

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Foto de portada: Estación Budapest-Keleti/Iván Ruíz.

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