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A bordo de dos ruedas

“El marcha solo, infatigable,

encarcelado en su infinito,

como un solitario pensamiento,

como un fantasma

que buscara un cuerpo”

                               Octavio Paz

 

Hay sueños sin retorno. Expediciones en los que no hay posibilidad de volver a la seguridad de los pasos andados. Estabilidad económica, sueldo fijo, viajes de ida y vuelta; todo ello fue lo que dejó atrás Salva Rodríguez, profesor de instituto, para “vivir precisamente en la aventura”. Desde 2006 lleva recorriendo los cinco continentes a bordo de su galeón de dos ruedas. Después de todos estos años viajando decidió escribir su odisea personal para compartir ese viaje. Una generosidad que nos catapulta desde la literatura hasta los caminos más recónditos del planeta.

 

¿”Las Ítacas no son más que el impulso para lo que realmente importa: el camino”?

Es paradójico que uno de los poemas más emblemáticos de los viajeros lo escribiera un funcionario gris que jamás viajó, Kavafis. Tras haber recorrido casi todo el mundo no puedo sino darle la razón a esta frase que escribí. Ítaca nada tiene que enseñarte. Un destino es necesario para salir a viajar, pero nada más; cuando llegas a él te das cuenta de que todo sucedió durante el camino.

 

Vivir en la incertidumbre es un miedo muy común, sobretodo para el concepto de viaje moderno asociado al turismo. ¿Cómo es la experiencia de viajar con la falta de certeza de no saber “que hay detrás de la cuerva”?

Honestamente, los viajes modernos organizados empiezan a parecerse demasiado a la experiencia de un centro comercial, demasiado consumo y garantías de que todo saldrá bien. Es justo lo opuesto a lo que yo buscaba. Yo disfruto de la incertidumbre porque no le tengo miedo, sé que voy a salir de los lugares en los que entro y de los líos en que me meto. Y parto del principio de que si no salgo pues ahí se acabó todo y mereció la pena. En mi opinión, para disfrutar este azar la clave es dejar el miedo atrás y, cuando vas disfrutando sorpresa tras sorpresa, entonces la droga de lo inesperado se inocula en tu ser, ya no quieres vivir sabiendo qué harás mañana.

 Yo disfruto de la incertidumbre porque no le tengo miedo

¿Detrás de esa intución que te guía, dices, está “la cocina de los dioses”?

Ese es un lugar inesperado donde no imaginabas estar el día anterio y a donde jamás hubieras lelgado de seguir por el camino correcto. Un lugar que además suele mostrarte tu fragilidad. Las posibilidades de que algo salga mal y todo se arruine son tan altas que te sientes “en manos de los dioses”, y que si ellos lo deciden estás perdido.

 

Tras tanto tiempo transcurrido desde tu partida, ¿qué piensas de esa vida que dejaste atrás como profesor, una plaza fija, y todo eso que te recomiendan para una vida “digna”?

Esa vida posibilita hacer muchas cosas: tener una familia, escribir, tocar el piano, estudiar antropología, bailar o ayudar a otros con menos suerte en la vida. Yo la dejé porque lo que quería vivir era precisamente la aventura y no podía sentir nada de eso como un profesor de instituto. Creo que la vida digna es aquella en la que descubres qué quieres hacer con la única vida que tienes y puedes ponerte manos a la obra. Eso es un privilegio de un pequeño porcentaje de la humanidad, hay millones de personas que querrían otra vida y no pueden acceder a ella.

 

El amor debe ser también un difícil compañero para esta experiencia, porque quizás es un viaje en sí mismo, como tú mismo escribes “una tierra sin caminos ni destino que cruzar”.

El amor y el mundo son incompatibles para un viajero solitario. Otra cosa son los romances. Si tienes la fortuna de que el amor aparezca en tu camino, entonces hay que dejar el mundo a un lado y emprender ese viaje que, efectivamente, no tiene destino.

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¿Es el viaje una evasión o una forma de vida?

He visto viajeros que huyen de su pasado y no funciona: lo llevan encima. Creo que los viajeros que hacen del camino su forma de vivir sí los disfrutan con alegría. Salir a viajar par huir de algo termina por ser un desastre. Mejor solucionar las cosas y después irse.

 

¿Cómo es el presente en un viaje sin billete de vuelta? ¿cuál es tu Horizonte?

Libre. Hago planes que puedo cambiar. Incierto. Feliz

 

¿Viajando de esta forma te da la posibilidad de acerarte más a ese “otro” que nuestra sociedad occidental se encarga de asociar constantemente con la idea de “peligro”?

Tenemos muchas cosas, mucha riqueza, así que pensamos que nos las pueden robar, sea como individuos o como naciones. Somos esclavos no solamente de nuestras pertenencias sino también del miedo a perderlas, y eso nos hace desconfiar del otro. Una lástima. Yo he viajado con poco dinero y pocas cosas, sin miedo a ser robado, y he disfrutado del “otro”, que es sin lugar a dudas lo mejor de este planeta.

 

Rosa Maria Calaf escribe en el prólogo de tu libro Asia: “los mundos de este mundo parecerán menos hostiles y mucho más próximos”, ¿es ese el efecto que produce un viaje de este tipo?

Es una percepción general de todos los viajeros que pasan un largo tiempo fuera. El cotidiano del viaje no tiene nada que ver con la hostilidad que los medios de comunicación muestran. Ellos muestran un 0,5% de la realidad y los espectadores toman el 95,5% restante del mismo modo.

El cotidiano del viaje no tiene nada que ver con la hostilidad que los medios de comunicación muestran

Seguro que te habrán preguntado mil veces sobre esa “soledad” de tu viaje que, por lo que se puede leer en tus libros, más que aterrarte te inspira a cantar como Moustaki: “Nunca estoy solo con mi soledad”. ¿Cómo ha sido tu relación?

Existe y es maravillosa. La quietud, la pausa, el silencio más profundo, el no poder moverte. Donde no existe es en la ciudad, con tanto bombardeo de estímulos, y es una lástima que tantos millones de personas mueran sin conocerla.

 

“Si en la ciudad se creó la tecnología, del desierto brotó la hospitalidad”, te cito a ti mismo. ¿Qué dice esto del ser humano?

Creo que cuanto menos tienes más presente está la esencia de la vida; cuantos más juguetes y lucecitas tienes, más pierdes de vista lo importante.

 

Después de tanto tiempo sin hacer viajes de ida y vuelta, sin tener un punto cardinal en el que concretar tu vida, ahora leemos en tu web tus últimos pasos, entre los que escribes la palabra por tanto tiempo omitida en tu rumbo: “volver”. ¿Qué significa para ti?

Un sueño, el que cierra el círculo de este viaje. Volver para mí son personas a las que voy a abrazar de nuevo.

 

¿Crees en el viajero inmóvil?

No. Tal vez en la poesía, no en la realidad.

 Arturo Triviño / Iván Ruíz

 

 

 *Fotografías cedidas de la página web personal de Salva Rodríguez con licencia Creative Commons

*Todos sus libros se pueden conseguir a través de su web: http://unviajedecuento.weebly.com/libros.html

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